PERICO... TU TIENES LA CULPA...


Perico, tú tienes la culpa. Fuiste tú, que aún hoy eres leyenda y ya te tocará ser mito. Será cuestión de tiempo, ojala de mucho tiempo. Y te cuento.

En mi casa el colegio era sagrado, no se faltaba nunca. He ido escayolado, con fiebre o casi como tocase, salvo un día Perico: el día que la Vuelta pasaba por los puertos de la Sierra de Madrid y tú aún formabas parte de este lío de manera directa. Como protagonista.

Hablamos de los años ochenta y bien te acuerdas Perico porque acabas, acabamos, de celebrar el 30 Aniversario. No me preguntes por qué pues la respuesta me la debes dar tú Perico. Mi padre, no montó en bici más allá de lo que hiciese siendo pequeño (tampoco sería mucho, hablamos de la España de los 50 y había otras prioridades) y, sin embargo, nos llevaba a mi hermano y a mí a verte a ti Perico cuando pasabais por los puertos. Cuando aún se subía los puertos atrancado y el molinillo ni se intuía. Lo recuerdas ¿no?

Aún hoy lo pienso y no encuentro explicación a porqué mi padre nos llevaba a mí y a mi hermano. Insisto que él no salía en bici. Cuéntamelo tú Perico, pero lo cierto es que nunca he terminado de agradecérselo a él lo suficiente (eso me lo anoto en mi debe). ¿Qué tenías Perico?

Recuerdo salir temprano de casa, en el R18 gris plata y con el bocadillo de tortilla con chorizo listo y bien correoso. Nos íbamos los tres juntos, puerto para arriba con el coche y paseíto recuerdo vagamente por dónde (¿quizá camino Schmidt?), para después verte pasar Perico, a ti y al resto claro (y dos veces)…

Lo recuerdo con tanto cariño que espero poder hacerlo yo con mis hijos aun cuando tú ya no estarás Perico con tu cinta del Reynolds. Claro. Otros habrá espero si entre todos somos capaces de cuidar y vender esto del ciclismo un poco.

Nos solíamos poner en la zona del muro de piedra, en la última curva de Navacerrada, ahí donde más aprieta. Han pasado 30 años Perico y aún hoy cuando lo subo me viene la épica, TU ÉPICA. Porque, a eso iba, a que por tu culpa Perico 30 años después raro es el fin de semana que no salga a cabalgar con la flaca (tú me entiendes ¿verdad?). Raro es el día que no piense, aunque sea ya al final del día cuando me meto en la cama para coger el sueño, en cómo disfruto Perico subido a una bici.

Gracias por todo Pedro. Ojala nos veamos un día por los arcenes y me lo cuentes todo.

Alvaro Sánchez-Patón.

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